De la desconfianza en Internet


Tuve una corta asistencia a un taller que prometía mucho: el de escritura académica. No me fue posible participar más que en la primera sesión ya que luego el horario se cruzaba con mis clases en vísperas de exámenes intermedios y necesitaba un contacto con los estudiantes en esos momentos.
Raúl Vallejo, destacado escritor ecuatoriano, del cual todavía espero leer su novela sobre Medardo Ángel Silva, el alma en los labios; anterior ministro de educación del Ecuador, cargo que ha ocupado en más de una ocasión; especialista en escritura académica, ya que su manual sobre esta es lectura común en todo el país; inició su trabajo con una referencia a las fuentes válidas para la investigación, siempre, o casi, bibliográfica, dada su experticia en literatura.
Por una desgraciada coincidencia, sus primeras palabras arremetieron contra Internet, minimizando sus características, mostrando una visión tradicionalista, a pesar de su afirmación de ser un «hombre digitalizado», resaltando los «blogs institucionales» como única fuente de información válida, y afirmando cosas como «si se quiere información fiable, recurran a los periódicos y no a Wikipedia».
Me conozco bien y me hirvió la chicha (esta es una expresión local para señalar que se me acabó la sangre de horchata) e intervine, en ese incómodo papel que me gusta tanto, de adalid de causas de pobres y ausentes, para decirle que confundía el medio y el contenido ( en buena hora no me respondió que el medio ES el contenido) para señalar que su visión era apocalíptica, que si los recursos no estaban allí había que crearlos y que para nada valoró las redes sociales como medio de co aprendizaje. Hubo muchas cosas que se quedaron en el tintero, o en el «plaintext» del iPad en el que escribo esto, pero estaba demasiado atrás y el hombre es hábil, a más de respetable (seriously).
Desarmó mis argumentos, en bloque, al decir que nunca había dicho lo que parafraseé, que su visión era moderna y progresista y que creía en las redes más que yo. Es decir no echó abajo mi protesta insistiendo en lo válido de sus argumentos, cosa que hubiese vuelto a la discusión más interesante, sino preguntando ¿de dónde saca usted semejantes ideas? ¿quién yo? ¿cómo se le ocurre señor?
¡Y a mí que me gusta tanto ganar las discusiones!
Esto dejó una sensación incómoda, pero más allá de cualquier elemento particular, señala la enorme desconfianza en Internet, el desconocimiento de los esfuerzos que se hacen para incorporarse a la red como prosumidores, una visión limitada del cambio que se nos viene ¡Y todo esto desde un ex ministro que impulsó la implantación del programa una computadora por niño en el Ecuador y que apoyó la creación del portal web del ministerio con información para los maestros de primaria!
Si,como los antecedentes señalan, Raúl Vallejo, ha estado comprometido con el empleo de los recursos tecnológicos, es él mismo un hombre digital, ¿porqué dice que lo mejor que existe en la red es el diccionario online de la RAE? ¿porqué privilegia las bibliotecas físicas sobre los contenidos digitales? ¿cuál es la razón para señalar que no puede tenerse confianza sino en los blogs institucionales?
A lo mejor, confieso, la comunicación de sus ideas fue un problema, lo que es sorprendente tratándose de un experto en literatura y un hombre con una experiencia profesional envidiable. Tal vez al estar en la Universidad de Cuenca, él que es catedrático en la prestigiosa Universidad Simón Bolívar, quiso mostrar la estrictez de su perspectiva, tal vez, cosa que no quisiera creer, imaginó que el Internet solo llega hasta Quito, o lo que es lo mismo que los criterios de uso solo se han desarrollado en la capital y que nosotros ignoramos el sentido de futuro que allá se tiene, anclados como parecemos, en las calles adoquinadas del centro histórico.
El conflicto, entonces, puede resolverse desde una triple perspectiva:
1. Yo entendí mal su posición progresista en torno al uso de la red.
2. Nosotros estamos detrás de las líneas del progreso y debemos cuidarnos de las «últimas sirenas».
3. Desconfía de la red y yo entendí bien.
Pero si vemos lo que pasó me animo a proponer una cuarta posibilidad:
4. A Raúl Vallejo le falta una mayor reflexión sobre la actualidad de la educación y sus perspectivas con el empleo de las nuevas tecnologías, el sentido de las redes sociales, la realidad expandida, la bilocación y ubicuidad de las fuentes, el pensamiento complejo. Temas que seguramente conoce bien pero que mantiene en un «tobogán de hambrientos» y que no ha tenido tiempo de integrar.
Hombre hábil como es, de mundo como pocos, con un carácter ferroso (para mayores referencias puede preguntarse a la UNE) no le será difícil refutar este post, si llega a leerlo algún día, pero si con he logrado dar forma a mis ideas y que Raúl ponga en orden las suyas, ya he triunfado en la discusión.

— Desde mi iPad

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